Presentación del Boletín de Espiritualidad Nr. 64

Miguel Ángel Fiorito sj







1. Presentamos un trabajo, fruto de una reunión de jesuitas – todos ellos sacerdotes – de la Provincia Argentina de la Compañía de Jesús.

Su redactor – o mejor, recopilador – ha sido el P. J. M. Bergoglio: presidía la reunión y le ha dado, a las Actas de la misma – escritas por quien hacía de secretario – la forma con que ahora las presentamos.

Las »actas« de una reunión suelen tener la forma de una relación cronológica de las intervenciones de los presentes. Pero esta forma sólo es interesante para quien, habiendo participado de la reunión, puede así recordar el proceso de la reunión, volviendo a revivirla.

En cambio, si a las »actas« se les da otra forma – partiendo, por ejemplo, de las conclusiones y buscando sus fundamentaciones; o sistematizando, alrededor de ciertos tópicos, todo lo que en diversos momentos se ha dicho durante la reunión, etc. etc. –, su lectura puede ser valiosa para el lector que no haya tomado parte.

El redactor ha escogido la sistematización de los aportes de los presentes en la reunión, alrededor de ciertos criterios de acción apostólica; y por eso su trabajo lo hemos titulado así: »Criterios de acción apostólica«.

Lo original ha sido que haya escogido, como »criterios«, tanto »gracias« como »tentaciones«: la tentación del repliegue, la gracia de la creatividad, la de la cohesión, y tantas otras gracias que a veces se mezclan con tentaciones, y que otras veces son puras gracias.

La misma originalidad presenta la Alocución final dirigida por el P. General P. Arrupe, a los Procuradores reunidos en Congregación, el día 5 de octubre de 1978, que fue el documento-base de la reunión de jesuitas argentinos.

En esta alocución el P. Arrupe, al querer ayudar a Superiores y a súbditos en la práctica concreta de un discernimiento de las opciones apostólicas, presenta como dos »espíritus«, dos »pensamientos« (EE [32]) o »razones«, que san Ignacio, en su Autobiografía (n. 8) dice ser »el uno del demonio, el otro de Dios«.

¿Qué ventaja vemos en expresar en esta forma el resultado de una reunión? En que así se explicita algo que con demasiada frecuencia queda »implícito«: la presencia en la reunión – como en cada una de las personas presentes – de »tres pensamientos ... es a saber, uno propio ... y otros dos que vienen de fuera, el uno que viene del buen espíritu y el otro del malo« (EE [32]); o, simplificando un poco las cosas, la presencia de dos »espíritus« en toda reunión – como en todo individuo –, porque como decía san Bernardo en un sermón sobre la discreción (Sermón XXIII de los Sermones varios), »acontece a veces que, sin sugestión ninguna que venga de fuera, la misma persona suscita en sí pensamientos que la provocan a la sensualidad, a la soberbia y vanidad, o a la ira, a la impaciencia y al mal humor. En tales ocasiones no siempre es fácil, a mi entender, discernir si es nuestro espíritu el que nos habla, o bien alguno ... (que viene de fuera). Mas, ¿qué importa para el caso conocer la persona que nos habla (sea uno mismo o un mal espíritu), constándonos ser pernicioso lo que nos dice?«

Es esta atención a los »dos espíritus«, uno »bueno«, que viene o conduce a Dios, y otro »malo« que trata de apartarnos de Él, lo que hace, de una reunión de reflexión, una reunión de »discernimiento«: no se niega el recurso a las razones humanas y/o científicas; por ejemplo, »un análisis ...« de la sitaución desde el punto de vista social o político ...«, recomendado por la Congregación General en su Decreto 4, n. 4. Pero, además, se presta atención a la »variedad de espíritus« porque, como dice el mismo Decreto, »nada puede dispensarnos ... de un discernimiento serio desde el punto de vista pastoral y apostólico«; y este »discernimiento no se hace si no se presta atención a dicha »variedad de espíritus« (EE [6], [17] y passim).

2. El trabajo que a continuación presentamos, titulado »Dios ha de ser encontrado en todo«, abunda en las mismas ideas.

Resumiéndolo, diríamos que el hombre activo encuentra a Dios en medio de su vida activa si lo busca en medio de la lucha de »espíritus«, de los cuales uno es el de Dios y el otro el del »enemigo de natura humana« (EE [7] y passim). Y esto es precisamente lo que ha hecho el grupo de jesuitas que han elaborado, en el primer trabajo, los »Criterios de acción apostólica«.









Boletín de espiritualidad Nr. 64, p. 1-2.