Agutín después de Agustín

1. Las artes liberales (Edad Media)

2. Descartes 

3. Pascal

4. Hegel

5. Kierkegaard

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1. Las artes liberales

[1.] La instrucción cristiana: Libro II (top)

59. Al igual que algunos escritores tradujeron separadamente todas las palabras y los nombres hebreos, sirios, egipcios y de otra lengua que pudieron encontrar en las sagradas Escrituras sin interpretación alguna; y como Eusebio escribió la historia profana para resolver las dificultades de los divinos Libros que demandan el uso de ella, así lo que éstos hicieron en este asunto con el fin de que el cristiano no se vea obligado a trabajar más de la cuenta en algunas pocas cosas, veo que también pudiera hacerse en otras cosas, si alguno de los que tienen cualidades para ello emprendiese con un caritativo esfuerzo la obra en favor de los hermanos de recopilar en un volumen y explicar por separado los nombres ignorados de todos los lugares de la tierra, de los animales, de las hierbas y los árboles, de las piedras y metales, y de cualquiera otra clase de especies que menciona la Escritura. También pudiera hacerse esto con los números, para que constara por escrito la razón clara de los números que sólo menciona la Escritura. Algunas de estas obras o casi todas ya está́n hechas, pero sea por la turba de los perezosos, o por las ocultaciones de los envidiosos, el caso es que no se han hecho públicas, como muchas que hemos encontrado, de las cuales ni sospechábamos siquiera que hubieran sido escritas y confeccionadas por cristianos buenos e instruidos.

[2.] Bestiario medieval.

[3.] Hrabanus Maurus (top)

Hrabanus Maurus, Expositio in Mt


[4.] Ottfridus (top)

Ottfridus, Glossae in Mt


[5.] Glossa de Laon (top)

Glossa de Laon


[6.] Glossa de San Víctor (top)


Glossa de San Víctor

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2. Agustín y Descartes

[1.] Hegel Lecciones sobre la Historia de la Filosofía, Stuttgart 1928, p. 328 (top)

En este nuevo período histórico, el gran principio es el pensamiento, el pensamiento que brota de sí mismo, esa interioridad que se manifiesta principalmente en el terreno de la religión cristiana y constituye el espíritu protestante. El principio universal significa ahora mantener en su pureza la interioridad, y relegar a segundo término la extinguida exterioridad, la autoridad, considerándola como inválida e improcedente. El pensar, el pensar por sí mismo, es ahora, según ese principio de la interioridad, el fruto más puro de lo interior. Esa interioridad es la que se implanta ahora por sí misma.

[2.] Discurso del método (traducción Manuel García Morente, p. 44)

Pero como hombre que tiene que andar solo y en la oscuridad, resolví ir tan despacio y emplear tanta circunspección en todo que, a trueque de adelantar poco, me guardaría al menos muy bien de tropezar y caer. E incluso no quise empezar a deshacerme por completo de ninguna de las opiniones que pudieron antaño deslizarse en mi creencia, sin haber sido introducidas por la razón, hasta después de pasar buen tiempo dedicado al proyecto de la obra que iba a emprender, buscando el verdadero método para llegar al conocimiento de todas las cosas de que mi espíritu fuera capaz.

[3.] Discurso del método (p. 60-61)

Quise indagar luego otras verdades; y habiéndome propuesto el objeto de los geómetras, que concebía yo como un cuerpo continuo o un espacio infinitamente extenso en longitud, anchura y altura o profundidad, divisible en varias partes que pueden tener varias figuras y magnitudes y ser movidas o trasladadas en todos los sentidos, pues los geómetras suponen todo eso en su objeto, repasé algunas pendiente de cualquier otro ser, de tal suerte que de mí mismo procediese lo poco en que participaba del Ser perfecto, hubiera podido tener por mí mismo también, por idéntica razón, todo lo demás que yo sabía faltarme, y ser, por lo tanto, yo infinito, eterno, inmutable, omnisciente, omnipotente y, en fin poseer todas las perfecciones que podía advertir en Dios. Pues en virtud de los razonamientos que acabo de hacer, para conocer la naturaleza de Dios, hasta donde la mía es capaz de conocerla, bastábame considerar todas las cosas de que hallara en mí mismo alguna idea y ver si era o no perfección el poseerlas, y estaba seguro de que ninguna de las que indicaban alguna imperfección está en Dios, pero todas las demás sí están en Él; así veía que la duda, la inconstancia, la tristeza y otras cosas semejantes no pueden estar en Dios, puesto que mucho me holgara yo de verme libre de ellas.

[4.] Meditaciones metafísicas – Meditación 4 (p. 154-156)

Tanto me he acostumbrado, durante los días pasados, a separar mi espíritu de los sentidos; tan exactamente he notado que es bien poco lo que sabemos con certeza de las cosas corporales, y que mucho más conocemos acerca del espíritu humano, y más aún del mismo Dios, que será para mí fácil ahora el apartar mi pensamiento de la consideración de lo sensible o imaginable, para dirigirlo a la de aquellas cosas que, por estar desprovistas de toda materia, son puramente inteligibles. Y, por cierto, la idea que tengo del espíritu humano, en cuanto es una cosa que piensa y no tiene extensión en longitud, anchura ni profundidad, y no participa en nada de lo que al cuerpo pertenece es, sin comparación, más distinta que la idea de una cosa corporal. Y cuando considero que dudo, es decir, que soy cosa incompleta y dependiente, es decir, de Dios, con tanta distinción y claridad; y tanta es también la evidencia con que concluyo que Dios existe y que mi existencia propia depende de Él enteramente, en todos los momentos de mi vida, derivando estas conclusiones de que la idea de Dios está en mí o también de que yo soy o existo, que no pienso que el espíritu humano pueda conocer cosa alguna con mayor evidencia y certeza. Y ya me parece que descubro un camino que nos llevará de esta contemplación del Dios verdadero, en quien se hallan encerrados todos los tesoros de la ciencia y de la sabiduría, al conocimiento de las otras cosas del universo.
Porque, primero, reconoce que es imposible que me engañe Dios nunca, puesto que en el engaño y en el fraude hay una especie de imperfección; y aunque parezca que poder burlar es señal de sutileza o potencia, sin embargo, querer burlar es, sin duda alguna, un signo de debilidad o malicia, por lo cual no puede estar en Dios. Reconozco, además, por propia experiencia, que hay en mí cierta facultad de juzgar o discernir lo verdadero de lo falso, que sin duda he recibido de Dios, como todo cuanto hay en mi y yo poseo; y puesto que es imposible que Dios quiera engañarme, es también cierto que no me ha dado tal facultad para que me conduzca al error, si uso bien de ella.
Y de esto no cabría duda alguna, si no fuera porque, al parecer, puede derivarse de aquí la consecuencia de que nunca puedo equivocarme; pues si todo lo que hay en mí viene de Dios y si Dios no me ha dado ninguna facultad de errar, parece que nunca deberé engañarme. Y es cierto, en efecto, que cuando me considero sólo como oriundo de Dios y me vuelvo todo hacia Él, no descubro en mí ninguna causa de error o de falsedad, pero tan pronto como vengo a mirarme a mí mismo, declárame la experiencia que cometo, sin embargo, infinidad de errores y, al buscar la causa de ellos, advierto que no sólo se presenta a mi pensamiento una idea real y positiva de Dios, o sea de un ser sumamente perfecto, sino también, por decirlo así, cierta idea negativa de la nada, es decir, de lo que se halla infinitamente lejos de toda suerte de perfección; y me veo como en un término medio entre Dios y la nada, esto es, colocado de tal suerte entre el Ser Supremo y el no ser que, ciertamente, en cuanto que soy un producto del Ser Supremo, nada hay en mí que pueda inducirme a error, pero si me considero como partícipe, en cierto modo, de la nada o del no ser, es decir, si me considero como no siendo yo mismo el Ser Supremo y careciendo de varías cosas, véome expuesto a infinidad de defectos, de tal suerte que no es extraño que me equivoque mucho. Y así vengo a reconocer que el error, como tal, no es nada real y derivado de Dios, sino un defecto, y por lo tanto que, para errar, no necesito una facultad que Dios me diera particularmente para ello, sino que, si me engaño, es porque la potencia que Dios me ha dado de discernir lo verdadero de lo falso no es infinita en mí.


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3. Pascal

[1.] Pensamientos, ed. Gredos, p. 559 (top)

El hombre está hecho evidentemente para pensar. Es toda su dignidad y todo su talento; y todo su deber es pensar como es debido. Ahora bien, el orden del pensamiento es empezar por uno mismo y por su autor y su fin.

[2.] Pensamientos, p. 410 (top)

El hombre es sólo una caña, la más débil de la naturaleza; pero es una caña que piensa. No hace falta que el universo entero se arme para aplastarlo; un vapor, una gota de agua bastan para matarle. Pero aunque el universo le aplastase, el hombre seguiría siendo superior a lo que le mata, porque sabe que muere y la ventaja que el universo tiene sobre él, el universo no la conoce.
Toda nuestra dignidad consiste, por lo tanto, en el pensamiento. Desde ahí es desde donde debemos elevarnos y no desde el espacio, desde el tiempo, que no sabríamos llenar. Esforcémonos, pues, en pensar mucho; he ahí el principio de la moral.

[3.]  Pensamientos, Sección 1: papeles clasificados, p. 411 (top)

Porque, en fin, ¿qué es el hombre en la naturaleza? Una nada respecto al infinito, un todo respecto a la nada, un punto medio entre la nada y el todo. Infinitamente alejado de comprender los extremos, el fin de las cosas y sus principios están para él irrevocablemente ocultos en un secreto impenetrable, igualmente incapaz de ver la nada de que ha salido y el infinito en el que está inmerso.
¿Qué hará, pues, sino percibir cierta apariencia del medio de las cosas en una eterna desesperanza de conocer ni su principio ni su fin? Todas las cosas han salido de la nada y han sido llevadas hasta el infinito. ¿Quién seguirá esos asombrosos pasos? El autor de esas maravillas las comprende. Nadie más puede hacerlo.

[4.] Pensamientos, p. 382 (top)

¿Qué hará el hombre en este estado? ¿Dudará de todo, dudará de que vela, de que le pellizcan, de que le queman, dudará de que duda, dudará de que es?
No se puede llegar a eso y dudo que haya habido jamás un pirroniano efectivo perfecto. La naturaleza apoya a la razón impotente y le impide disparatar hasta tal extremo.
¿Dirá entonces, por el contrario, que él posee ciertamente la verdad, él que, por poco que se le ponga en el disparadero, no puede exhibir ningún título, y se ve forzado a rendirse?
¿Qué quimera es, pues, el hombre? ¿Qué novedad, qué monstruo, qué caos, qué montón de contradicciones, qué prodigio? Juez de todas las cosas, indefenso gusano, depositario de la verdad, cloaca de incertidumbre y de error, gloria y desecho del universo.

[5.] Pensamientos, p. 546 (top)

La verdadera y única virtud consiste, por lo tanto, en odiarnos a nosotros mismos, porque somos odiosos por nuestra concupiscencia, y buscar un ser verdaderamente amable para amarlo. Pero como no podemos amar lo que está fuera de nosotros, tenemos que amar a un ser que esté en nosotros y que no sea nosotros. Y esto es verdad de cada uno de todos los hombres. Ahora bien, sólo el Ser universal es así. El reino de Dios está en nosotros. El bien universal está en nosotros, es nosotros mismos y no es nosotros.

[6.] Pensamientos, p. 377-378 (top)

Contradicciones. Después de haber demostrado la bajeza y la grandeza del hombre. Que el hombre ahora se estime en su valor. Que se ame, porque hay en él una naturaleza capaz del bien; pero que no ame por ello las bajezas que hay en ella. Que se desprecie, porque esa capacidad está vacía, pero que no desprecie por ello esa capacidad natural. Que se odie, que se ame: hay en él la capacidad de conocer la verdad y de ser dichoso; pero no tiene verdad, o constante, o satisfaciente.
Quisiera, por lo tanto, inclinar al hombre a desear encontrarla, a estar dispuesto y libre de pasiones para seguirla allí donde la encuentre, sabiendo hasta qué punto su conocimiento se ha oscurecido por las pasiones; quisiera que odiase en sí mismo la concupiscencia que le determina por sí misma, para que ésta no le ciegue al hacer su elección y no le detenga cuando haya escogido.

[7.] Pensamientos, Sección 1: papeles clasificados, p. 423 (top)

Hay suficiente claridad para alumbrar a los elegidos, y suficiente oscuridad para humillarlos. Hay bastante oscuridad para cegar a los réprobos y bastante claridad para condenarlos y hacerlos inexcusables.

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4. Hegel

[1.] El concepto de religión, Madrid 1981, p. 87 (top)

La filosofía en general es primeramente la idea lógica, la idea tal como se encuentra en el pensamiento. La idea aparece aquí en su pureza lógica como pensamiento, de modo que su contenido mismo está constituido por las determinaciones del pensamiento y, ciertamente, por la totalidad completa de las determinaciones del pensamiento que se desarrollan a través y a partir de sí.

[2.] Fenomenología del Espíritu, Introducción § 2 (top)

Entre tanto, si la preocupación de caer en el error desconfía de la ciencia que sin tales escrúpulos se pone a la obra misma y conoce de modo efectivamente y real, no se alcanza a ver por qué, en cambio, no se debe desconfiar de esta desconfianza ni preocuparse de que ya este miedo a errar sea el error mismo. De hecho este miedo presupone algo e incluso mucho como verdad y cunda sus escrúpulos y sus deducciones sobre aquello mismo que ha de probarse previamente si es verdad. O sea presupone representaciones del conocer como un instrumento y como un medium, presupone también una diferencia de nosotros mismos con respecto a ese conocimiento; pero sobre todo (presupone que aunque) lo absoluto esté de un lado y el conocer de otro, por sí y separado de lo absoluto, el conocer sea sin embargo real, o con ello presupone que el conocer, el cual, en cuanto está fuera de lo absoluto está también fuera ciertamente de la verdad, es con todo verdadero; una suposición mediante la cual lo que se llama miedo al error se da a conocer más bien como miedo a la verdad.

[3.] Obras XIX, 335 (citado por Przywara) (top)

El acto libre de pensar consiste en colocarse en el hito y punto de mira, donde el pensamiento se mantiene solitario: de ese modo se crea a sí mismo y se constituye en objeto de sí mismo. La filosofía se nos presenta como un círculo que vuelve sobre si mismo.

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5. Kierkegaard

[1.] Diario 1841 (top)

Es un punto de partida positivo de la filosofía cuando Aristóteles dice que la filosofía comienza con el asombro; no como en nuestros días, con la duda. Más aún, el mundo aprenderá que ella no debe comenzar por lo negativo, y que la razón de por qué  ha caminado hasta el presente, es que en realidad nunca se entregó a lo negativo ni hizo con seriedad lo que proclamaba. Su duda era un juego de niños.

[2.] Diario, Buenos Aires 1955, p. 201 (top)

En la intimidad de cada hombre siempre existe la angustia de estar solo en el mundo, olvidado y descuidado por Dios, en este inmenso gobierno de millones y millones. Uno sofoca esa angustia con la visión de tantos hombres como nos rodean, vinculados a nosotros por la naturaleza o por amistad; pero la angustia persiste y uno no osa pensar en lo que experimentaría si todo eso le fuera arrebatado.

[3.] El concepto de angustia, Mexico 1990, p. 54 (top)

Por una parte, es la continuidad del pecado una angustiosa posibilidad; por otra parte, la posibilidad de una salvación es una nada que el individuo ama y teme a la vez, pues así se conduce en todo tiempo la posibilidad con respecto a la individualidad. Sólo en el momento en que la salvación es realmente puesta, sólo entonces es superada la angustia.

[4.] La enfermedad mortal, Madrid 1984, p. 46 (top)

Desesperar uno de sí mismo, querer uno desesperadamente deshacerse de sí mismo, es la fórmula de toda desesperación, de suerte que también la otra forma de desesperación: “que uno desesperadamente quiera ser sí mismo” puede resolverse en la primera: “que uno desesperadamente no quiera ser sí mismo”.

[5.] La enfermedad mortal, Madrid 1984, p. 99 (top)

Aquí el mismo desesperado comprende que es una debilidad tomar tan a corazón lo temporal y también comprende que desesperar es una debilidad, pero en lugar de sacudirse el yugo de la desesperación para abrazarse a la fe, humillándose con su debilidad delante de Dios, lo único que hace es hundirse todavía más en tal desesperación y gemir desesperadamente por su debilidad. De esta manera, su perspectiva se hace totalmente distinta y desde ella se da más cuenta de su desesperación, de que desespera en torno de lo eterno y por sí mismo, y de que exclusivamente la enorme debilidad que le domina es la causa de que le dé tanta importancia a la temporal. Y así este hecho se convierte para él en una expresión desesperada de que ha perdido lo eterno y de que se ha perdido a sí mismo.

[6.] Elogio de Abraham (top)

¡No, ninguno de los que fueron grandes en este mundo será olvidado jamás!
Ahora bien, cada uno de los que fueron grandes, lo fue a su modo y según la grandeza de su objeto amado. Así fue grande en su propia persona el que se amó a sí mismo; y el que amó a los demás hombres fue grande por su entrega y donación; pero el más grande de todos fue el que amó a Dios.
Todos serán recordados, pero cada uno de los grandes lo fue en la medida en que era grande el objeto de su esperanza. Unos fueron grandes porque esperaron las cosas posibles; otros lo fueron porque esperaron las eternas; pero el mayor de todos los grandes lo fue quien esperó se cumpliera lo imposible. Todos serán recordados, mas cada uno de los hombres grandes lo fue según la grandeza de aquello con lo que lucharon. Los que lucharon contra el mundo fueron grandes porque vencieron al mundo; los que lucharon consigo mismos lo fueron por su victoria sobre ellos mismos; pero el más grande de todos fue el que combatió con Dios.
De esta manera se ha luchado en el mundo: hombre contra hombre y uno contra mil, pero el mayor de todos fue el que combatió con Dios. Tales fueron los combates habidos en la tierra: algunos se apoderaron de todo por la violencia, otros desarmaron a Dios con su humildad. Hubo quienes, confiando solamente en sus propias fuerzas, lo conquistaron todo; y quienes, seguros de su poderío, lo sacrificaron todo; pero el más grande fue el que confió en Dios. Hubo hombres que fueron grandes por su energía, y los hubo que lo fueron por su sabiduría; otros lo fueron por su esperanza, y otros por su amor; pero Abraham fue el más grande de todos, grande por la energía cuya fuerza es debilidad, grande por la sabiduría cuyo secreto es necedad, grande por la esperanza cuya forma es locura, y grande por el amor que es odio de sí mismo.

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